dissabte, 13 d’agost de 2011

Vint anys del cop d'estat a l'URSS


Antes del golpe de estado en la URSS

Por Alvaro Alba*

Los primeros días de agosto de 1991 fueron jornadas muy activas en la URSS. El presidente estadounidense George H. W. Bush se reunía con Mijail S. Gorbachev en una cumbre presidencial (no sabían que sería la última) y el primero no perdía oportunidad de expresar su distanciamiento con varias repúblicas soviéticas que preferían alejarse del Centro, como se refería al Kremlin. El 29 de julio llegaba Bush a Moscú y partía de Kiev el 1 de agosto.

A la capital ucraniana viajó acompañado del vicepresidente soviético Guenadi I. Yanaev, uno de los miembros del Comité Estatal de Emergencia – GKChP que tomó el poder el 19 de agosto y presidente de la URSS por 72 horas. En una carta enviada desde el Air Force One en ruta a Washington, Bush reconoce que los ucranianos deben sentirse frustrados con sus palabras pues no hizo referencia a la “independencia ahora”, sino que pidió a las demás repúblicas soviéticas que trabajaran al unísono con Moscú. Muy satisfecho Gorbachev preparó el equipaje para salir de vacaciones a Crimea, precisamente en Ucrania.

El 4 de agosto Gorbachev llega a la dacha en Foros con mucha confianza en el futuro de la URSS. La tradición moscovita afirmaba que al salir el secretario general del PCUS de vacaciones, todos los altos funcionarios dejaban Moscú. El Kremlin se vaciaba cuando descansaba el presidente. Pero no en la Lubianka. El presidente del KGB, Vladimir A. Kriushkov ordenó el 6 de agosto preparar los mecanismos para imponer la ley de emergencia en todo el país. Igual orden recibía los altos oficiales en el Ministerio de Defensa.

En un último intento por salvar la URSS de la crisis que estaba atravesando, tanto en el plano económico como sociopolítico, Gorbachev apostó por un nuevo tratado de unidad del país. El antiguo, mediante el cual se funda la URSS en 1922, tenía brechas que fueron utilizadas por las repúblicas del Báltico para declarar su independencia. El derecho a la autodeterminación, expresado en la constitución soviética, fue ejercido por los lituanos y su parlamento aprobó en marzo de 1990 la independencia del país, y la separación de la Unión Soviética. El nuevo acuerdo de federación crearía en un inicio la Unión de Repúblicas Soviéticas Soberanas, URSS, perdiendo el adjetivo de socialista. Tampoco las repúblicas querían ser soviéticas y al final quedó el nombre de Unión de Estados Soberanas, UES, como continuación dela URSS.

Se escogió el martes 20 de agosto de 1991 para la firma del acuerdo, que no estaba este totalmente redactado. Seis repúblicas se negaron a firmarlo – Moldavia, Georgia, Letonia, Lituania, Estonia y Armenia. Las otras 9 se decidieron participar, pero en diferentes niveles y lo firmarían algunas para el otoño. El 16 de agosto se publicó el proyecto de acuerdo en la prensa soviética y se esperaba en breve que los mandatarios de Rusia, Bielorrusia, Kazajastán, Uzbekistán y Tayikistán junto a Gorbachev lo firmaran.

Ya desde el 15 de agosto el KGB ordenó interceptar las llamadas telefónicas de Boris N. Yeltsin y otros funcionarios cercanos a Yeltsin. Irónicamente dos de los futuros golpistas, el vicepresidente soviéticos Guenadi I. Yanaev y el jefe del parlamento soviético Anatoli I. Lukianov, tenían también sus teléfonos interceptados. Las tropas fueron puestas en estado de alerta el domingo 18 y la jefatura militar del país examinaba con determinación los planes para la reinstauración del régimen soviético en las tres repúblicas bálticas, que vivían hacía ya año y medio separadas de Moscú. Se elaboró una lista con los líderes del movimiento democrático, ex disidentes y opositores al sistema soviético que debían ser inmediatamente detenidos.

Gorbachev planificaba el regreso a Moscú para el lunes 19 en la noche y el vicepresidente Yanaev le promete que estará esperándole en el aeropuerto. A las 4:32 p.m. del domingo 18 toda comunicación con Gorbachev queda interrumpida, la última llamada la hizo minutos antes a su ayudante Gueorgui J. Shajnazarov. Una delegación de los complotados, donde estaban desde su ayudante personal hasta el jefe de las tropas terrestres soviéticas, por más de una hora, intentaba convencer a Gorbachev para que firmara el decreto que implantaría el estado de emergencia en la URSS o en caso contrario que renunciara. La reunión duró un poco más de una hora y regresaron a la capital pasada las seis de la tarde del domingo 18 sin la firma del presidente y sin su renuncia.

*El autor es periodista de Radio y Televisión Martí (OCB).