Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Constructivisme soviètic. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Constructivisme soviètic. Mostrar tots els missatges

dissabte, 11 d’agost del 2012

El constructivisme de Ródtxenko va morir amb el suïcidi de Mayakovski

Por Juan Forn

Una historia roja

Esta historia empieza con un cuadro todo pintado de rojo, que se titula La pintura se ha suicidado o, según versiones más moderadas, La última imagen ya ha sido pintada. Lo hizo Rodchenko. En realidad era un tríptico, las otras dos telas estaban igual de uniformemente pintadas, una amarilla y la otra azul, pero la roja, dice Bruce Chatwin (que logró verlas en Moscú, en 1973, después de mucho insistirle a la hija de Rodchenko, que las tenía sin bastidor, enrolladas y archivadas en un ropero de su infame departamento moscovita, el mismo donde había muerto su padre), ah, la roja era especial.

Es cierto que nada le gustaba más a Chatwin que hacer como que encontraba perlas en el barro, y que en el Moscú de los años ’70 la única manera de ver una pieza de constructivismo ruso era pidiéndole a alguien que la tuviera escondida en el fondo de un ropero, razón por la cual después costó fortunas restaurarlas. Pero Rodchenko es inmortal por ese rojo, por haberle dado a ese rojo el mismo protagonismo del blanco y negro en la iconografía más potente de este siglo: la de la primera época de la revolución bolchevique.

Rodchenko creía que los pintores eran un prejuicio del pasado cuando expuso su tríptico, que en realidad era un ajuste de cuentas dentro de la Guerra de los Ismos que hubo en ese período extraordinariamente fructífero del arte que fueron los años 1915-1925 en Moscú. Rodchenko, que era constructivista, se la tenía jurada a Malevich, que era suprematista. Malevich había expuesto una tela blanca con un cuadrado pintado de negro en el medio y se había autoproclamado padre de la abstracción. Rodchenko y su compadre Mayakovski, la nube en pantalones, no podían soportar que nadie fuera más vanguardista que ellos, así que urdieron aquel suicidio de la pintura, y así fue cómo el constructivismo borró del mapa al suprematismo y ganó la Guerra de los Ismos en la URSS y fue elegido para representar a la URSS en la Exposición de París de 1925.

La Exposición Universal de 1925 fue la gran oportunidad de los soviéticos para mostrarse al mundo después de la revolución, la guerra civil, la hambruna posterior y el bloqueo occidental. Había que mostrar que, en el Sueño Socialista, la utopía era realidad. Y allá fueron Rodchenko y el arquitecto Melnikov y el loco Tatlin en un tren con dos toneladas de madera barata de los Urales, porque la URSS no estaba para gastos: necesitaba máximo impacto con mínimo presupuesto, la especialidad de Rodchenko. El Pabellón Soviético, hecho enteramente de vidrio por fuera y de esa madera de los Urales por dentro, incluido todo el mobiliario, y pintado en sólo tres colores (rojo, gris y blanco), causó sensación, o quizás habría que decir estupor, en aquella exposición que era un canto a la opulencia kitsch. Hicieron todo en tres meses, hasta los muebles, serruchando y pintando como energúmenos, al menos Rodchenko y el loco Tatlin, que creían de verdad que el arte debía ser colectivo. Ejemplo hermoso de eso es cuando, en su parada en Berlín, antes de París, se enteran de que el Káiser va a pasar con su comitiva delante de la estación, y el loco Tatlin saca su balalaika, se hace el ciego y se pone a tocar melodías delante de la carroza del monarca. El Káiser, que adora el folklore ucraniano, se emociona y le tira al músico ciego su reloj de oro. Tatlin lo vende para que Rodchenko pueda comprar la cámara Leica con la que revolucionará la fotografía y después se condenará a sí mismo. Pero no nos adelantemos.

Además de decorar trenes, envolver monumentos zaristas con trapos rojos, cubrir frontispicios de palacios con carteles monumentales y hacer que saliera música por las sirenas de las fábricas, Rodchenko había hecho cosas asombrosas en collage. Esa misma maestría compositiva aplicó a sus fotos, en cuanto el loco Tatlin le dio la plata para comprar la Leica en París. Mientras sus compañeros de delegación peregrinaban del atelier de Picasso al de Léger, Rodchenko descubría por las suyas que el ojo de la cámara era la forma perfecta para mostrar las cosas desde un ángulo socialista, es decir desde un ángulo nuevo. Fascinado por la manuabilidad de la Leica, que permitía hacer tomas desde ángulos insospechados, explotó al máximo la toma cenital, desde arriba, o poniéndose a los pies del retratado. Sus fotos parecían esculturas, eran casi tridimensionales, se venían encima. Y, cuando les agregaba tipografía y las convertía en propaganda revolucionaria, convencía hasta a las piedras de que se venía el Hombre Nuevo, la realidad detrás de la utopía.

Pero Marx ya alertaba sobre los desvaríos del pensamiento abstracto. Y a Lenin le empezó a pasar lo mismo con el arte abstracto cuando los avangardistas pintaron de colores brillantes (e indelebles) los árboles del Paseo Alexandrovski frente al Kremlin, y por supuesto los secaron. El constructivismo ruso fue a París sabiendo ya que era póstumo. Tenían los días contados antes de que muriera Lenin, Stalin no se ocupó de ellos antes porque estaba dedicado a Trotsky, pero los tenía inequívocamente en la mira. Mayakovski le ganó de mano. Su suicidio es la fecha oficial de defunción del constructivismo. Fue apenas volvió Rodchenko de la Expo de París. La foto que le hizo a su compañero de correrías es archiconocida: Mayakovski parado con las piernas muy abiertas y un tormento en la cara que mete miedo. Antes de volarse los sesos dejó estas líneas junto a su cadáver: “Lo difícil no es morir sino seguir viviendo”. Rodchenko no pensaba lo mismo. Es más: creía ilusamente que la frase de Stalin (“La URSS necesita que sus artistas sean ingenieros de almas”) se basaba en una frase suya (“El Hombre Nuevo vendrá de la unión del arte con la ingeniería”). Logró clemencia, cuando fueron por él, a cambio de fotos. Sus imágenes fueron el equivalente soviético de lo que habían sido las imágenes de Leni Riefenstahl para el Reich: la verdadera estatuaria del régimen, su propaganda más contundente. Cuando uno piensa en las proezas hidráulicas, eléctricas, arquitectónicas y atléticas del stalinismo, son fotos de Rodchenko lo que está viendo en su cabeza.

Nadie se miraba mucho a los ojos en la URSS en aquella época. Como escribió Ajmátova: “Fue la época en que sólo los muertos podían sonreír, felices de descansar al fin”. Así que Rodchenko pasó más o menos inadvertido en su ignominia, desde 1926 hasta que murió, treinta años después. Vaya a saberse si como autocastigo, en los años finales de su vida, cuando ya no lo dejaban ni sacar fotos, volvió a pintar. A pintar figurativo: pintaba payasos. El hombre que le puso la lápida a la pintura, el hombre que reformuló la fotografía y la propaganda política, el iconoclasta por excelencia de su tiempo, terminó sus días pintando payasos tristes que no se atrevía a mostrar a nadie, en el mismo departamento moscovita donde tenía enrollado en el fondo de un ropero el lienzo en rojo que dejaría a Chatwin sin respiración veinte años después.

corrienteshoy.com 10/08/2012

dimarts, 26 de juliol del 2011

L'incendi de l'Hotel Rossia (25 de febrer de 1977)




L'Hotel Rossia (o Rossiya, Гостиница Россия / Rossiya Gostiniza en rus) fou inaugurat el 15 de gener de 1967 molt a prop de la Plaça Roja, al carrer Varvarka número 6. Dissenyat per l'arquitecte Dmitri Txetxulin, l'Hotel Rossia oferia 3.170 habitacions distribuïdes al llarg de 21 pisos i 240.000 metres quadrats.

L'incendi de 1977 va acabar amb la vida de 42 persones. Aquest documental explica (en rus) la història d'aquells fets.


L'hotel va ser enderrocat l'any 2006. 
 



dissabte, 16 de juliol del 2011

Exposició a Nova York sobre constructivisme soviètic



Harold Lloyd en manos del constructivismo soviético
 

  • Exponen una de las mejores colecciones de posters de cine del brillante movimiento artístico que floreció en la URSS.
  • Hay carteles de películas emblemáticas de los bolcheviques ('El acorazado Potemkin', 'Octubre'), pero también de filmes de estrellas de Hollywood.
  • Se exhibe una maqueta de la Torre Tatlin, diseñada para ser tan alta como el Empire State y nunca construida.

El constructivismo nació en la URSS pocos años después del triunfo de la Revolución bolchevique de 1917. Era un movimiento artístico que pretendía ofrecer una "visión nueva" del mundo y poner a las disciplinas creativas al servicio de las transformaciones sociales.

Los constructivistas no concebían el arte como autónomo: lo reducían a servir como vehículo de un propósito.


Sabemos como acabó aquello: coacciones, suicidios por desencanto (Vladímir Mayakovski), condenas al ostracismo y, a veces, al paredón o el gulag, pero el constructivismo dejó una huella que aún no ha perecido. Artistas como Aleksandr Ródchenko, un grafista y fotógrafo que deseaba actuar como un "ingeniero visual", se han convertido con el tiempo en referentes fundamentales y de enorme influencia.

Una de las áreas en las que brillaron con especial talento los artistas del constructivismo fue el diseño gráfico. Lo demuestra la exposición: Revolutionary Film Posters: Aesthetic Experiments of Russian Constructivism, 1920-33 (Carteles de cine revolucionarios: experimentos estéticos del constructivismo ruso, 1920-33), que expone la galería Tony Shafrazi de Nueva York.
 
Alejados de la banalidad publicitaria de hoy

Es una de las muestras más completas del estelar trabajo de los diseñadores rusos de la época. Con casi un centenar de carteles de época, creados hace casi un siglo, es sorprendente comprobar como los posters resultan obras de arte en sí mismas, radicalmente alejadas de la banalidad publicitaria de las tendencias actuales.

Un uso vanguardista de las tramas de color, la composicón y el desarrollo geométricos, combinado con el uso del collage y el fotomontajes convierten a las piezas en irresistibles y cautivadoras.

La muestra incluye trabajos de Rodchenko, interpretaciones gráficas de la película experimental The Man With a Movie Camera (Dziga Vertov, 1929), y de las obras de Sergie Eisenstein El acorazado Potemkin (1925) y Octubre (1928).

Mejor que el cartel yanqui 


Quizá los carteles más singulares e interesantes sean los de películas de la naciente industria de Hollywood, reinterpretados por los artistas soviéticos. Hay casos, como el del póster de la película de Harold Lloyd El hombre mosca (Safety Last, 1923), en los cuales los constructivistas superaron con creces al cartel original.

La exposición se completa con la proyección de versiones restauradas de algunos de los filmes y con la exhibición de la maqueta de la Torre Tatlin, el monumento paradigmático del constructivismo.


Se trataba del proyecto de una inmensa torre, más alta que la de Eiffel y casi tanto como el Empire State, diseñada por el arquitecto Vladimir Tatlin's como monumento de homenaje y futura sede de la Tercera Internacional comunista.

El edificio nunca fue construido.

http://www.20minutos.es/noticia/1100417/0/constructivismo-urss/carteles-cine/exposicion/