dissabte, 5 de febrer del 2011

El misteri del testicle del Rey Juan Carlos

Crackòvia 31/01/2011





Polònia 03/02/2011


Felip Puig desokupa la seu d'IC
Mas canta "Els temps estan canviant"
Franco parla amb la "Victoria" desnonada
Obama visita Barcelona
El Rei Joan Carles i Artur Mas se'n van de "campamentos"
Jordi Pujol, independentista


dimarts, 1 de febrer del 2011

L'altíssim fracàs escolar a Espanya


AL NIVELL DE PORTUGAL I MALTA

Brussel·les alerta per l'altíssim fracàs escolar espanyol

Espanya ha empitjorat des del 2000 i està a la cua dels països de la UE
El 31,2% dels joves no acaba la secundària, més del doble que la mitjana europea


Dilluns, 31 de gener del 2011 - 18:33h
ELISEO OLIVERAS / Brussel·les

La Comissió Europea ha alertat sobre el greu problema de l'abandonament escolar d'Espanya, amb un percentatge que se situa per sobre del doble de la mitjana de la Unió Europea (UE) i que ha anat empitjorant al llarg de l'última dècada. El 31,2% dels joves espanyols entre 18 i 24 anys han abandonat els estudis sense finalitzar l'ensenyament secundari, segons les últimes dades disponibles. La mitjana europea se situa en el 14,4% i l'objectiu polític de la UE és reduir aquest percentatge al 10% el 2020.
 
Portugal té el mateix nivell de fracàs escolar que Espanya i Malta fins i tot el supera amb un 36,8%. Però als dos països aquest percentatge s'ha reduït al llarg de l'última dècada en un 28% i un 32%, respectivament. Al contrari, a Espanya aquest percentatge ha passat del 29,1% el 2000 al 31,2% el 2009, cosa que significa un retrocés del 7,2%.

Bombolla immobiliària

La comissària d'Educació, Androulla Vassiliou, ha responsabilitzat la bombolla immobiliària de l'augment de l'abandonament escolar a Espanya i de l'elevat percentatge de joves espanyols (més del 14%) que ni estudien, ni treballen, ni segueixen cursos de formació.
 
«Molts joves a Espanya van abandonar els estudis atrets per la demanda de llocs de treball de baixa qualificació en sectors com la construcció. Però després amb la crisi es van quedar sense feina i ara no saben on anar», ha declarat Vassiliou.
 
La comissària ha recomanat a les autoritats espanyoles que «facin més atractiva» l'oferta acadèmica i que ofereixin un mecanisme de «segona oportunitat» perquè els joves que van abandonar de forma prematura els estudis puguin acabar almenys l'ensenyament secundari. Aquesta segona oportunitat és una de les propostes del pla d'acció presentat ahir per la Comissió Europea per reduir el fracàs escolar europeu.

Polònia (27/01/2011)


El combat de boxa entre Hereu i Tura
Puig no pot anar a pixar per culpa d'en Saura
El debat entre Herrera i Rahola
Espe Aguirre, presidentat de la Generalidad de las Autonomías
Pujol, Montilla i Maragall canvien de companyia elèctrica
 

dimecres, 26 de gener del 2011

I si eduquéssim?


Tribuna

¿Y si educáramos?


P. FRANCESC NOVELLA, SUPERIOR DEL ORATORIO DE SANT FELIP NERI DE PORRERES Cada cierto tiempo aparecen noticias sobre docencia normalmente alineadas en la opinión de ser necesaria una profunda reforma que, de algún modo, dibuje un horizonte distinto al actual por desolador. Se habla mucho, se fabrican algunas docenas más de eufemismos, se decora floridamente de tecnicismos el lenguaje educativo hasta hacerlo casi incomprensible en la vana ambición de disimular una realidad fea y muy preocupante. Parece posible exponer sin complejos que el peor lugar para estudiar es actualmente una escuela o un instituto. En las primeras la dinámica parece ser la propia del mundo de dibujos animados en su versión Epi y Blas: mucho juego, mucho reciclaje, bastante dinámica de club de amiguitos, celebraciones de todos los cumpleaños con tartita y bocatas y poco, muy poco estudio, esfuerzo inexistente; a los maestros se les llama de tú, un montón de gomina y piercings ya en primaria por aquello del derecho de imagen que como todo derecho se ejerce siempre que a uno le da la gana, ¡faltaría más!

El instituto es distinto del colegio aunque ciertamente es su lógica consecuencia: el volumen es mas alto en los pasillos, los insultos más frecuentes porque al desaparecer la infantilidad y el infantilismo aparece una cosa nueva casi incalificable. Ellas con aros en las orejas como ruedas de bicicleta y pintadas como un kiosco muy al estilo de la Esteban, musa de gran parte de nuestras colegialas. Ellos con el rosario al cuello mezcla de santería y tontería; con la gorrilla de medio lado dentro del centro porque oye, no nos vamos a enfadar por eso, y con medio culo al aire en exposición variopinta de ropa interior. Trapicheo diario de hachís en el recreo y un montón de colillas en el rincón menos vigilado. 

Los profesores de secundaria también tienen o tenemos perfil propio coincidente en la sensación de estar en un campo de batalla en el que la única salida honrosa aparece en forma de retirada aunque claro, la hipoteca no lo permite. ¡Más cornás da el hambre! El todo de ese hervidero de mala educación lo constituye una población mestiza en la que algunos no tienen ni idea de castellano ni catalán, otros sí saben, lo adivinas porque, en los insultos, la lengua no se les traba y son capaces de disparar como una metralleta una sarta de improperios inigualable y de difícil superación. Finalmente están los nuestros que a la postre no son mejores, insultan igual y han aprendido a pasar de casi todo no distinguiéndose en nada del conjunto global... ¿será eso la globalización? El resultado es desolador y todo eso a pesar de los esfuerzos que hacen equipos directivos, maestros reunidos o sin reunir, mediadores sociales o culturales, programas lingüísticos, policías tutores, tutores de curso y hasta la señora del bar.

En este punto uno ya empieza a preguntarse seriamente sobre la conveniencia o no de la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis. En principio, claro, es de lo más civilizado y políticamente correcto apostar incluso por una obligatoriedad hasta los dieciocho o más, y sin embargo falla algo, ¿verdad? Efectivamente falla porque la obligación de ser enseñado debería ser eso, una obligación. La realidad actual dibuja un paisaje absurdo en el que el maestro debe enseñar obligatoriamente pero el alumno solo debe aprender cuando a él le de la gana si es que se la da alguna vez. Convendremos que todo este montaje supone un tremendo desaguisado, carísimo por cierto.

Cuando un maestro, pobre señor, se ve en la coyuntura desagradable de expulsar a un alumno, debe prepararse para que la lupa del sistema de los pedagogos Teletubbies se ponga sobre él. Parece preguntársele inquisitorialmente el porqué, el cómo, el cuándo y el para qué. Ese mismo sistema prevé toda una serie de protocolos interminables que deben ser rellenados y cumplimentados por la comunidad educativa, por los maestros vaya. Entretanto el expulsado se suele ir a casa más contento que unas pascuas. En las oficinas del instituto seguirán los trámites interminables: llamadas a los padres, normalmente insultos de los progenitores a los profesores... incomprensión. El docente rellena papeles y el maleducado alumno se recrea en su indolencia seguro como está de hallar la comprensión de sus coleguillas progenitores que le defenderán con uñas y dientes de su máximo enemigo, el maestro. Está fallando algo muy serio ¿verdad?

Deberíamos empezar a cambiar algo, y ante una expulsión convenir que quienes deberían correr hasta perder el culo deberían ser los padres puesto que a ellos en primer lugar se les puede y debe responsabilizar de la mala educación de sus hijos. Ellos, los padres, deberían correr de Herodes a Pilatos para intentar que su retoño fuera nuevamente acogido en el instituto mostrando así un interés que ahora no aparece por ninguna parte. Deberían rellenar ellos los formularios, cumplimentar, también ellos, las solicitudes, firmar compromisos y perder horas de trabajo yendo y viniendo del instituto al ayuntamiento o al organismo competente en materia educativa. Si han de someterse a la burocracia del sistema que se sometan ellos, y en el mientras tanto que el maestro siga dando clases que es lo suyo.

Actualmente los padres se suelen enfadar mucho con los educadores salvo honrosas excepciones cada vez más escasas. Uno casi diría que los consideran enemigos a batir. Existe la percepción que ese tiempo de educación obligatoria es una molestia, un trámite doloroso por lo extenso pero necesario para empezar a ganar dinero que es de lo único que se trata. Nuevamente aparece la pregunta en el horizonte: si ellos no quieren ser enseñados y nosotros no podemos obligarlos a aprender... ¿a qué estamos jugando aquí? No se a qué jugamos pero sí adivino lo que nos jugamos y es mucho, demasiado para seguir como hasta ahora en este juego de necios. En algún momento habrá que plantarse seriamente porcentajes de aprovechamiento, lo que no parece lógico es mantener un sistema brutal para millones de alumnos que a la postre quedan reducidos a unos pocos miles en cuanto a interés y rendimiento, no hablemos ya de resultados.

En el colmo del absurdo, y de una pedagogía enfermiza y ñoña, hace años decidimos no traumatizar a ningún alumno,  embarcados en esa locura vamos bajando año tras año, curso tras curso el nivel de exigencia. Hemos concedido derechos al gandul educándolo en la percepción de premiar su indolencia, a partir de ahí la prostitución está servida porque parece que todos tenemos derecho a que se nos dé un título, certificado o diploma de algo. El esfuerzo y el gusto por saber desaparece y en su lugar se instala la exigencia del vago, la reclamación del maleducado, la demanda del idiota.

Tengo verdadera añoranza de la escuela de mi infancia. Los maestros fueron excepcionales, don Melchor Rosselló Simonet creó escuela y aquella Aneja nos formó, educó y sensibilizó. Nos preparó para vivir en el sentido más amplio de la palabra. 

Pocas veces coincido con mis antiguos compañeros, cuando lo hacemos el recuerdo vuela emocionado a un momento de nuestra vida que nos forjó desde el respeto y la exigencia, desde la educación y la enseñanza a partes iguales. Fue aquel un momento en el que padres y docentes remaban en la misma dirección, en el que llamábamos de usted a los maestros y en el que se nos castigaba a recoger piedras del patio para evitar que nos las tiráramos. Recuerdo que cuando el castigo estaba cumplido don Melchor nos daba las gracias con mucha formalidad y nos regalaba un diminuto caramelo Kengo... Diminuto caramelo, dulcísimo recuerdo.

dimarts, 25 de gener del 2011

dissabte, 22 de gener del 2011

L'Escola a Finlàndia (2a part)




L'ESCOLA A FINLÀNDIA (2a part)



EL PAÍS - 16.12.2004

El cel i Finlàndia  

Joan Subirats és catedràtic de Ciència Política de la Universitat Autònoma de Barcelona
 


Després de publicar l'Informe PISA de l'OCDE, hem travessat uns quants dies de autoflagel·lació en relació amb la situació del nostre sistema educatiu. Els diversos protagonistes de la història no s'acaben de posar d'acord sobre les responsabilitats de cadascú en l'aparent disbarat final. I tampoc són freqüents les resolucions sobre què hauríem de fer. Uns diuen que el problema són les famílies, que no fan el que haurien. de fer. Altres diuen que els professors estan desanimats o que no saben com adaptar els tradicionals mètodes educatius a la nova realitat social. Bastants professors i diversos comentaristes al·ludeixen, en proporcions variables, a la pèrdua de la "cultura de l'esforç", la manca de referents, els dèficits d'autoritat, o la confusió generada pel doctrinarisme integrador de la LOGSE, que no permet diferenciar entre bons i mals estudiants. Tots coincideixen a assenyalar que si l'Administració incrementara el seus recursos tot aniria millor. 


I mentrestant, en el panorama de les bones pràctiques (manera contemporània de referir-se a les històries exemplars d'abans), ens apareixen Finlàndia, Corea o el Japó com els països que millors resultats educatius aconsegueixen. En moments com els actuals, de males notícies, confusió i de nou canvi normatiu, és bo tenir models als quals recórrer per copiar allò que sigui copiable. El problema dels exemples de referència és que t'agraden parts d'aquest, però no vols copiar ni en pintura altres aspectes del model que et semblen francament evitables. Em pregunto quanta gent voldria acostar-se al model educatiu finlandès o coreà si això impliqués assumir tots els aspectes no estrictament educatius que probablement són determinants per explicar el bon rendiment acadèmic dels estudiants. No crec que, per exemple, les taxes de suïcidi, especialment entre joves adolescents dels tres països esmentats, sigui una cosa a la que vulguem apropar-nos. Em costa imaginar que les pautes culturals que encara predominen en les relacions home-dona a Corea o Japó, o els models d'autoritat familiar encara vigents en aquests països, siguin directament exportables. És evident que no podem parlar d'educació sense parlar de societat. A la pregunta sobre quina educació volem, hauríem d'anteposar la pregunta sobre quina societat volem. 


Si el que volem és una societat que s'orienti a la cohesió social, a la reducció de les desigualtats, l'enfortiment de l'autonomia individual en un context de solidaritat i implicació social, que reconegui la diversitat en les seves múltiples facetes, i la dignitat de totes les persones que la componen, llavors necessitem complementar l'Informe PISA amb altres indicadors que ens ajudin a veure si anem bé o malament. En aquest sentit no em sembla malament que parlem de Finlàndia com a referent, no només educatiu, sinó també social. I de fet en aquest país no crec que ningú dubti de la impossibilitat de separar educació de democràcia, educació de societat, o educació d'equitat. Els principis de l'educació finlandesa són clars: igualtat d'oportunitats educatives per a tots sense distinció, no separació de sexes, gratuïtat absoluta, cap separació per nivells en cap nivell educatiu, gran pes dels governs locals en la gestió educativa, fort procés de cooperació entre nivells educatius i altres agents socials, suport individualitzat educatiu i social als alumnes amb dificultats d'aprenentatge, una avaluació pensada en termes de desenvolupament personal (que no inclou ni classificacions d'alumnes ni tests per seleccionar), professors amb gran autonomia (però també gran responsabilitat) i permanentment en formació, i una aproximació socioconstructivista a la tasca d'ensenyar (vegeu www.edu.fi). Els alumnes estan dels 6 als 16 anys a la mateixa escola. Les escoles primàries són propietat i responsabilitat dels municipis en un 99%. Les escoles secundàries també ho són en un 91%. L'educació especial i la formació professional està també en mans dels municipis o de la federació de municipis en un 78%. Les coses que he llegit aquests dies de l'educació finlandesa no mostren un sistema sense problemes. Allà també és difícil mantenir l'atenció de la mateixa manera d'alumnes molt diversos. També hi tenen la sensació que els falten recursos. I és habitual que els problemes de les famílies, del treball o del barri, traspassin les portes i finestres dels centres i generin dificultats en les aules. 


Els avantatges essencials de Finlàndia deriven de la seva grandària (sis milions), de la seva descentralització política, que la distància entre rics i pobres no sigui molt significativa, que els problemes no siguin vistos com una desgràcia sinó com a senyals als quals anticipar-se (si és possible) o buscar solucions col·lectives. I, sobretot, deriven d'un país que ha entès que la millora d'educació no és un problema exclusiu de les autoritats, sinó de tota la societat. La declaració de la Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya sobre l'Informe PISA afirma una cosa que comparteixo plenament: "Si busquem l'experiència de països propers que de manera sostinguda treuen bons resultats en aquest tipus d'estudis, veurem que la inversió en educació és més alta que la nostra des de fa dècades, que les polítiques d'atenció a la infància posen a disposició de les famílies molts serveis bàsics gratuïts, que la descentralització de les competències educatives és un fet... i que no es tracta de manera diferent a els alumnes brillants que als que tenen més dificultats...". I ja que en aquest últim aspecte no anem tan malament a Catalunya com podria semblar, insistim en aquesta línia i reforcem i millorem en tota la resta. Finlàndia no és el cel ni probablement un model a seguir cegament, però mostra una manera raonable de construir una societat més justa i cohesionada. Ni més ni menys.


 Traduced by